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Lo que las marcas premium pueden aprender del lujo.

  • Foto del escritor: Loreto Ulloa Cugniet
    Loreto Ulloa Cugniet
  • 29 ago 2025
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 1 sept 2025

Las marcas de consumo masivo basan su propuesta en atributos funcionales: más rápido, más limpio, más barato. Para tener éxito, estas marcas necesitan estar presentes de forma masiva en muchos puntos de venta, con alta penetración y rotación: necesitan vender volumen. Al centrarse en atributos funcionales, la diferenciación se vuelve limitada, y la competencia se centra en el precio. Esto las obliga a ofrecer promociones y ampliar el volumen para poder sostenerse.

Las marcas de lujo operan en otro plano: no venden volumen, venden valor. El lujo evita la masificación porque esta debilita su exclusividad. Algunas marcas incluso limitan la oferta, vendiendo menos de lo que el mercado demanda para mantener su rareza y exclusividad. Aunque los atributos funcionales (como la calidad) son y deben ser excepcionales, su diferenciación se construye sobre lo simbólico, lo emocional, lo aspiracional. Distribuyen menos, controlan cada punto de contacto, y cuidan con rigor su identidad.

¿Y las marcas premium? Están en el medio. Muchas tienen productos excepcionales, pero no aprovechan todo su potencial porque siguen comunicando desde lo funcional.

Adoptar estrategias del lujo —como el control de la experiencia, la narrativa emocional o la gestión simbólica del producto— permite a las marcas premium salir del terreno de la comparación y entrar en el territorio de lo deseado logrando un crecimiento sostenible en valor de marca y facturación.

 
 
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